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Una línea del tiempo

por Hugo Savino

 

 

No escribo, parece que no escribo (murmuración): algunos amigos aliados a crítico lo ponen al teléfono: parece que faltan los indicios convenidos: ¿qué hace?: es un tono, me divierto: lo raro.

Duró lo que tuvo que durar: se publicaron algunos escritos fulgurantes: se hizo sentir: audacia: las maniobras y los peligros: despertó la envidia y la rabia de patrones y sumisos: la condena fue casi unánime: hubo riesgo: el enfrentamiento nutrió varias líneas: su disolución fue un hecho y era inevitable.

Despacio: un poco de aire: mucha lectura: o se puede terminar público: ahí, escuchando a profesor o a poeta: inmovilizado, obligado a: el público con esa devoción mortífera no deja interrumpir: es la clásica y vieja entrega: todos quieren entenderse.

La bruja es toda obediencia: machietta de rebelde: mucho vapor poético y sentimiento y ternura, te toco las manos y algún escándalo público y otra vez el amor: huir.

Odia el cuerpo, odia el estilo: odia a las personas de gusto: y se muere si no está en el teatro social.

Corre apurado a los brazos de la gente honesta de la edición y de la crítica: (caminos diferentes): acaricia la posibilidad de ser aceptado: elige con cuidado la compañía: evita revistas confidenciales( escribió algunas líneas), se aleja de gente peligrosa y sufre con los lectores independientes: y da pasos hacia la integración: y ahora falsifica la historia.

De paso le digo al cretino: nunca estuve a las órdenes de nadie. Y tampoco tengo proyectos y menos los que me cuelga: y menos tener alguna autoridad: y menos que menos plegarme a la autoridad literaria de la época: yo sigo mis inclinaciones: y estoy bien en Buenos Aires, y no la cambio por la corte.

Editor novelista es normal en la edición: domingo: la mecánica literaria del domingo: el olvido caracolea entre líneas: da consejos, amenaza, defiende a los patrones, miente.

Hay que escucharlo: qué creencias: qué pobreza de gusto: la clásica charlatanería de la responsabilidad: el clásico desdén por Maquiavelo: y amenaza cuando hace que reflexiona en pensador alemán: el buen sentimiento mortífero del tipo que aprendió a editar en el exterior: todo muy viejo: seguro que bajaron el anís: le habla claro al autor virtual, como quien le habla al empleado y la amabilidad es toda para el mediático: sobada mutua.

Me recuerdan: no joder con editores: cito: las cartas a la N.R.F. editadas hace poco: "ud. es un almacenero": y en los Cálculos: "siempre en la brecha, luchando con editores, directores literarios, tipógrafos, lectores (ni hablar de los críticos: a esos jamás les respondo...)": me miran: no hay caso: ni se dan cuenta que estoy citando, ni entienden la alusión: y el primer reflejo es la ofensa: y éste me advierte, amenaza indirecta: ya entró en la red censura.

Y escapo de la clase que busca elogios: me recontra llenan las pelotas: son la muerte de la conversación: piden opinión o consejo, mentira: piden elogio: me pongo a mirar por la ventana, me traigo algunas frases: no sé, algo sofisticado, de mis libros preferidos, mis autores: este verano me volví loco con Gaddis y ahora me regalé el Retz, y no paro: no le pido permiso a nadie para leer.

Me toma el pelo porque leo E.D.: y sí, y en inglés.

Los progresos de la mentira, a paso de hormiga como los del olvido.

Posición de talmudista: (me interesa): ninguna ilusión: un pliegue, otro pliegue.

Hacía la conscripción: a veces dormía en el Hotel Alsina, al lado del seudocuartel, tranquilidad de otra existencia, 1950, árboles en febrero, la sombra veraniega del tiempo: en el camino del verano el soldado Armiento infla las ilusiones femeninas en el mismísimo centro de Avellaneda: exasperación de los maridos: pero es fatal: el amor más sublime va camino a cuernos: escándalo barrial.

Así, mis Memorias: no voy al cine, no me dejo acorralar por autoridad literaria, no tengo pretensiones de escritor, no hago discursos: no mendigo lector: se me puede leer en revista confidencial: poca circulación, ningún contacto con el populacho intelectual: y su rabia, acusa, suma aliados: esa furia yo la pongo en el Teatro de Tiempo y la analizo línea por línea , paciencia y la risa: qué universo de mentiras: ayer con Milton en el Sammy's nos reíamos del circo de los circos: la música del tiempo delira en algunas conversaciones, las pocas que quedan: ganarse la vida, qué maldición de cotorras.

Qué hago aquí: entre esta gente tan amorosa, siempre, con la palabra pasión en la boca: paga el estado, paga la familia: por no hacer nada: te invitan para asesinarte.

Risa de mono sabio: se la cree, formado en la onda flujo y más flujo y un poco de sarcasmo y cada tanto el adjetivo "delicioso" para hablar de libros.

Integraba un grupo atado a la noria del miedo: la adulación mutua atenuaba los rencores.

Mueca vivanca: siempre burlándose de lo que no sabe: y con chistes muy aburridos: y después de todo ese teatro aparecen sus fervorosas creencias, las desarrolla en pergamino: mucha esperanza y mucha ilusión y exceso de amor y poco estudio.

Y me difama por Corrientes: ladrido y murmuración.

Y escondo la trama: o parece que es mínima: o no hay.

¿Ser leído? ¿Escribir para ser leído? Gilada.

Dice que vivo en un paraíso: acierta: y le digo más, en el estudio constante, y escribo, y no hago reflexiones sobre el lector.

Le falta gusto, odia el estilo: ni risa ni combate: sólo vigila y espía y bate en claustros.

Va camino a la pelea: le falta lectura, mucha imagen, poca curiosidad: va a la pelea conmigo: me confesó su inconfesable: para resentimiento, para la ofensa sorda, de puertas adentro: es ese maldito círculo de las hostilidades: se matan, simulan leer, ven horas de televisión y la peste del aburrimiento.

Y yo que no soy amigable: tanto calor fraterno, amistoso: mucha mano encima y esa palabra: no me ama, me investiga.

Me habla horas: museo de ideas generales: viene serio, casi el tedio: pasaron horas: voy rápido, lo dejo: a casa:

leí a todos los que descuartizó: a casa y encontré el triunfo de la lectura.

Se enojó de esa ofensa sorda que pega el zarpazo años después.

Cuaderno de notas, del 82, noviembre: un episodio de las sorpresas del tiempo: ¿Cuántos años?, memorial: la luz oceánica, de la línea del horizonte a la escollera: reverberación: mañana de rambla: resplandor del azul intenso diez de la mañana en la ventana: tres al café: para la ginebra falta un poco: y yo sigo con el café: volqué la taza, la vieja torpeza: yo parezco el borracho: conversación.

Si no vas te traducen a fóbico.

La mañana de limón anda por los techos invocando el arte de ver la luz: despierta el día.

Tendencia instalada: no se puede hacer crítica de la vida cotidiana desde un lugar paradojal.

Todo del devoto moderno: mucha esperanza declamada: efusión sentimental, desborde amoroso y enseguida la persistencia: y le encanta hurgar biblioteca ajena , y es fatal, pasa a preguntar si uno está escribiendo, o más promiscuo, quiere saber qué estoy leyendo.

Le cuento un poco la mecánica: le cito: "progresos irregulares del olvido" (suena bien, no hace falta entender nada): pero no, es una reina de la pereza: y siempre me pregunta si estoy escribiendo. ¿Y cuándo? ¿Por la noche?

La corrección poética lo dragó hace unos años: lo escucho cara de póker: ya sé que hace campaña en contra: y bueno: mucha devoción y poco pecado debilita el carácter.

Y ahora desarrolló una variante hussita: vive pronunciando sermones en contra de los errores.

Lo escucho: un poco más: me dice todas sus creencias: y ya lo veo: cayó del lado del imbécil que vive transmitiendo sabiduría.

Como diría el Cardenal, un poco de descanso.

Leo sobre alguien que falsificó lo que nunca existió: rastreo las alusiones con una enciclopedia: repite dos veces, dice el Talmud.

Me quiere cortar el pan de Gonessa: no se lo escuché, pero yo también lo doy por dicho: me lo hace llegar por su alcahuete.

Los ruidos de mañana de abril: hoy: el arabesco de la lectura: la mecánica social del teléfono: ocultarse.

Bar de la Luna: la discreción como estrategia: se fue la Pascua.

"Soy asocial hasta la locura" (1-VII-14): Irma tenía dos años: faltaba para las brumas: para el hueco de memoria.

Todo lo que aquí se dice, en esta mesa, será fatalmente informado por nuestro soplón de turno.

Perdió trabajo en 1943: peón, changa de changa: con esa clase de gente: saca un toldo, pone otro toldo: lo saca: llueve, a casa: los camiones no salen: hoy sin salario: una guerra de la seda familiar: Andrés el seudoveneciano, manda: ¿cuántos camiones?: llueve y el puerto no trabaja: Roque Juan no cobra.

Me escucha en angustia: mucho zarandeo del tiempo: le gusta más claro: los mejores libros los tiene por la mitad o nos los abrió: ¿leer una novela?: no tiene la oreja: ¿las Memorias?: ¿cómo seguimos ?: mi cabeza está en otro lado: catálogo 1945.

Hasta fines del 50 mucho frío. ¿Calefacción?: los ricos de la familia.

El "todo artista" me moja la oreja: tiene una noche desafiante: el lomo se lo sobaron, la cabeza en humo: en el patio de grises se puso en monólogo ascendente: pasajes sentidos de flujo poético, así, intenso: me mira de soslayo, un rencor: tiene buen bolsillo y eso lo pone en pendiente al consejo: y ese patio, con esos árboles, el aire de Palermo Viejo, barrio de artista y arquitecto, como casi no queda: falta la enredadera: arrancó, bajo la luna de plata se puso a hablar con el lector en general: y fatal, llega la responsabilidad: busco salida, y me aconsejo lectura.

Ayer hablamos muchas horas: algo de libros, algo de la gente, y del pasado: era una conversación, en el Bar de la Luna, y a la mañana.

La traducción como panfleto.

Tener reflejos: darse cuenta cuando simulan pensar en uno.

Las amenazas veladas iban a venir después: maestros y profesores: los cretinos místicos que te ofrecían salvación vía poesía. Resistí: leí por mi cuenta: un poco de Retz, un buen Souvarine: que te echen los galgos.

Quiere en revistas legales: copia por ahí, lee los panfletos con avidez, pero no quiere contaminarse: tiene el alma oficial: y lo que copia no le sirve, siempre escuchó la peor música.

Yo miraba –recién llegado. El aire Plaza Alsina. Estampillado General San Martín en todos los sobres: el desembarque fue en Febrero.

Libros contables en Herrera y Suárez: niño expósito era el uniforme empleado de fábrica: el rumor del pobrerío: gris de galera: anotar con precisión, evitar el gemido poético.

Roque Juan trae Fenimore Cooper: increíble: trae libros, muchos y me enseña a cortarme solo.

Alguna ventaja tiene un padre no oficioso.

Irma la costurera, se puso blusa blanca, sin botones, dos espigas de manchas rojas bordadas, sobrias: y se casó; el patio de Olavarría al 500.

Viene el pasado: y lo desarrollo en clave mía.

Circuito de las Iglesias: al atardecer el murmullo de la misa: el destino incierto de un libro muy enroscado.

Dejé atrás todos los cuadernos legales: se aleja mi primer editor: ¿Mis libros?: ¿qué editor? Las historias bien legibles o no hay papel: o a pagarse la edición.

¿Que yo invento "humanista profesional"? ¿Más paranoico y resentido me volví? Yo no me olvido el Nadiezha Mandelstam: el miedo: pero se puede leer a escondidas, tiene la letra grande: cuenta qué hacen los poetas organizados con uno que no lo está.

Otra vez: se lo desliza en la oreja a uno de sus soplones: "faltan indicios", "falta narración', "no relaciona": parece que hay muchas digresiones y digo muchas veces yo: me repito.

La Marlene controló la carga de Totona: sin experiencia clásica, la Turquesa y el Holandés quedaron cerca.

Visión, oído, memoria: "con el tiempo en el bolsillo".

Los dos: retardados de treinta años: gritan: echarlos de la mesa: que aprendan a conversar: pero en otro lado.

Lo que ofende de mi persona es que no busco la aprobación: es el reproche constante: y es cierto que mi posición es bastante particular: nunca se me ocurrió que escribir era conformar a algunos de esos ridículos que tienen discípulos o a un conjunto de lectores: pero sé que hay unos pocos que no viven en el "territorio de la aprobación": gente clandestina.

X el seudopúrpura está destinado a contradecirme: tiene esa desvergüenza de los sumisos.

Irma al teléfono: viene como una ardilla: su alegría es el movimiento: las hojas del otoño le alegran la vida: barre y atraviesa la bruma.

La burocracia no quiere que se diga yo: es el pecado de los pecados: y a mí que me atraen esas vueltas sobre lo mismo: y estas cosas que antes eran mínimas, ahora bastan para convertirme en enemigo de la sociedad poética.

Y quieren hacer creer que Los Siete Locos y el Museo no existen: un ejército encarnizado en borrarlos, volverlos legibles: imposible, el misterio se agranda: se escribieron.

Ayer: Erdosain a las 9.

Nunca fui reclutado: primero mi tiempo libre, mis vicios, la lectura.

El Orquídea es un tarado en jean y saco azul que pontifica en tono sarcástico sobre cómo se escriben novelas: está atrapado en la trama de sus devotos y se deja pedir consejos.

Me habla de las leyes del género: insiste en clave irónica: me pudre: ¿qué leyes?

No hay editor: para lo mío no hay editor: parece que soy "el más malvado del reino": y algunos amigos que ponen la firma en el decreto: y está circulando: el decreto agrega "peligroso".

Estoy en el Bar de los Fatos: las mujeres se inspiran a media tarde: es la hora aguda de la mentira femenina: se inspiran a la luz del día: fato de las puertas de salida.

Irma la costurera en otro libro: calma el envidioso qué a veces soy: en el 30 había muchas costureras: no rivalizo con nadie: se lo aclaro al príncipe de los poetas, al príncipe de las intrigas: lleva y trae.

Y el humor: se lo tiene o no: es como la risa de la risa.

Anotar: todo: a toda velocidad.

Ahora llega Proust: parece que se puede leer a Proust: el humanismo profesional da venia: ¿qué Proust? ¿La Virgen de Balbec? ¿La iglesia de Balbec?: ¿están en el programa?: ¿da vía el claustro?: ¿la cosa católica de Proust? ¿se puede?: yo tengo bibliografía, no son papers, son libros, peligrosos: y los déspotas del conocimiento disciplinado ¿dejan? ¿qué Proust? ¿el de la amistad va?: te pongo unas citas lector: "Se sabe lo que pienso de la amistad; creo que es tan nula que ni siquiera soy intelectualmente exigente con ella": y ésta, sublime: "Disfruto con la amistad pero no creo en ella. Ellos: creo en la amistad, pero no disfruto con ella". Este que yo leo no predica el bien común.

 

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