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solo sal  año 01 nº 7 

Asesinato de una mujer embarazada

Colgada cabeza abajo
de una viga del techo:
 
crin de caballo arrancada
gota dentro de otra gota;
 
tu pelo, tu pubis,
el pez de un solo ojo
parpadea
 
y mis dedos huelen
un rastro de semen viejo
dentro de tu cuerpo.
 
Hábiles perros, mis dedos,
con clavos como hocicos
olisquean la penumbra;

hurgan entre órganos
pesados como selvas.

Encuentran por fin
el árbol señalado:
 

se hunden anhelantes
en la tímida madera.

Diego Muzzio, Poemas de Asesinatos

   

 

 

Yo soy como el viejo barco

que guarda en su quilla

el eterno ruido del mar golpeado.

Sin embargo, qué lejano está el mar,

y qué dura es la tierra debajo de mí.

V i n i c i u s  d e  M o r a e s  

 

Dramaturgia de los Objetos

 

Apacibles, en su reino seráfico, estables
en su crédulo corazón. Así,
esta mesa domina el arte
de persistir en su sitio. La inercia
es el compromiso de la materia. No obstante,
no parecen ajenos a nuestra conciencia.
Su silencio ejemplar mide la inocencia
pero a veces, en medio de la noche,
crujen y gimen sus tendones más débiles
buscando su reposo natural.
De este modo, revelando sus pesadillas
su oscura dramaturgia nos recuerda
la responsabilidad humana
de no haber creado sino cosas mortales.

                                               Joaquín Giannuzzi

 

 

 

 

 

hada madrina, ¿dónde estás?

haceme escapar de la oscuridad de mi alma

amamantar a mi pequeño hijo al sol

la visión del eclipse le daña los ojos

ambos morimos camino al hospital.

 

gRis

 

*                                                             *             

               

Sé del frágil equilibrio de la soledad.

Es semejante al que buscaba

cuando niño, cerraba mis ojos

Y caminaba por el cordón

de la vereda…

Al tercer paso despeñaré para indagar en mis cenizas.

 

Fabián Garrote

                                                                             

 

y cuando después de mucho tiempo

 

alguien e n c e n d i ó  la luz,

 

yo dije:

 

estábamos mucho mejor a oscuras.

 

 

                               -                                              -             

 

Las Tías

y esa mitología de tías solteronas que intercambian los peines grasientos del sobrino en la guerra en la frontera tías que peinan tías que sin objeto ni destino babas como lamé laxas se oxidan y así "flotan" flotan así, como esos peines que las tías de los muchachos en las guerras limpian desengrasan, depilan sin objeto en los escapularios ese pubis enrollado de un niño que murió en la frontera, con el quepis torcido; y en las fotos las muecas de los niños en el pozo de la frontera entre las balas de la guerra y la mustia mirada de las tías en los peines engrasados y tiesos así las babas que las tías desovan sobre el peine del muchacho que parte hacia la guerra y retoca su jopo y ellas piensan que ese peine engrasado por los pelos del pubis de ese muchacho muerto por las balas de un amor fronterizo guarda incluso los pelos de las manos del muchacho que muerto en la frontera de esa guerra amorosa se tocaba ese jopo; y que los pelos, sucios, de ese muchacho, como un pubis caracoleante en los escapularios, recogidos del baño por la rauda partera, cogidos del bidet, en el momento en que ellos, solitarios, que recuerdan sus tías que murieron en los campos cruzados de la guerra, se retocan los jopos; y las tías que mueren con el peine del muchacho que fue muerto en las garras del vicio fronterizo entre los dientes muerden degustan desdentadas la gomina de los pelos del peine de los chicos que parten a la muerte en la frontera, el vello despeinado.
                                                      

  Néstor Perlongher

 

 

 

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