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s o l o   s a l año 01 nº 8 

 

 

Llevó el universo a su cuarto

Y cerró la puerta;

Alrededor de su pared rotaban planetas,

A lo largo del piso se elevaban estrellas

Y caían en la grave, lenta respiración de las tinieblas;

Nadaban cometas como los dientes de tiburones que nadan,

Vigas de encina tenían ojeras monstruosas,

Y el ladrido del chacal

 

Pájaros marinos llegaban desde lejanas

Islas; rabihorcados, golondrinas de mar,

Alisaban en la baja, giratoria luz,

Sus plumas brillantes como el mar, giraban,

Gritaban, se lanzaban

A los agitados cardúmenes

En la larga noche.

 

Pasado y futuro, dos flacas panteras

Negras como el carbón,

Recorrían los límites de su cerebro,

La veta preciosa de su vida;

Y podía ver

Puertas que ante él se abrían con calma

Sobre un coche de bancos rosados

esperando la lluvia.

 

Alberto Girri, 1972.

 

 

 

 

 

 

y sé lo que va a ocurrir:

terminaré mi café,

saldré corriendo

vendrá la camarera con sus pasos de pájaro

a limpiar la mesa.

yo saldré corriendo,

le daré unas monedas

a la mendiga huérfana,

empujaré las puertas vaivén

tras las cuales un hombre me pagará

para oírlo hablar en italiano.

y luego sé lo que ocurrirá:

me recluiré durante meses en un establo

y no saldré hasta haber logrado

hacerme una máscara                     

 Marisa Freek

 

 

 

 

" S i n  t í t u l o "   Héctor Urruspuru

…he comenzado a olvidarme desde abajo,

de mí,
desde los pies,
que también olvidaron el rastro
las ganas de buscar

me he quedado sin colores
a partir de mis rodillas,
casi un hombre transparente en sus conceptos,
y he vertido algo de mi valioso vino
en el ademán de querer cerrar las puertas

y casi no hablo,
escribo banalidades

compro el periódico.
camino a través del parque único.
Alrededor de mí llevo el ruido del teclado
como todo comentario

cuando ya no me sostenga
de tan invisible,
y en el almanaque Octubre
tenga el olor de las nueces,
recuerda, corazón…
que mi nombre empezaba con  "H".

 

 

 

 

 

 

 

P o e m a  I X

 

Ven ustedes

                    era así cuando

                             entramos en este lugar

una pareja

                  haciendo el paso Azteca

y digo yo

                 Papi huyamos

pero entonces esta dama

              viene hacia mí ven ustedes

                                                 y dice

Vos y yo podemos existir verdaderamente

Ay ay digo yo

                Sólo que al día siguiente

                     ella tiene los dientes mal

                         y odia verdaderamente

                                               la poesía.

 

Lawrence Ferlinghetti

 

 

 

 

 

P I n G   p O n G  poético :

 

A. Pizarnik >>> No me hables del sol porque me moriría/ Lleváme como a una princesita ciega/ Como cuando lenta y cuidadosamente/  Se hace el otoño en un jardín.

 

F. Pessoa >>> Príncipe de mejores ocasiones, otrora fui tu princesa, y nos amamos con un amor de otra especie, cuya memoria me duele.      

 

 

 

Ella volcó algo de café sobre mis alas

aunque descafeinado,

por un rato dejé de volar

 

Se aleja acercándose sempiternamente

melodías cellísticas mediante

monta al unicornio que venció al alba

y conquista uno a uno los puestos de panchos

 

Quedo encerrado en una división con decimales,

robar cable es delito

lito hace mal las cosas y se recuesta sobre una plantación de hash

 

Brindo por la comisura de tus labios,

si te gusta el fuego

entonces prueba quemarte.

 

Manu-Yi

 

 

t i e m p o s  d e  c a r e n c i a

Domingo. Despierto con el ruido del mar
golpeando la pared del acantilado.
Tengo el libro de Eliot en las piernas
al frente la niña en la cuna, infla los cachetes y parece
que va a pronunciar la magnífica palabra
pero sólo gime. Le digo ca-ca
ella restriega sus ojos con las manos regordetas
y desde mis piernas la extraña sonrisa de Mr. Thomas Stearn
es una acusación, una amenaza,
la niña lanza un grito
aprieta los dientes contra las encías enrojecidas
y yo sentada sobre la manta
me convierto en la voyeur de este placer.
Puja, hija mía, puja
esperemos con los dedos entrelazados
la sentencia.
Mr. Thomas Stearn partido en dos por la solapa del libro
me mira fijamente
el iris claro de los perversos
y la sonrisa de los bancarios, agestada.
Dime algo, ¿por qué no me dices nada? Habla
y sigue pujando hasta que puedas contar tus excrementos
o tus muertos, no se saben cuántos son ya, mantienen
un sabor misterioso que sólo se siente
en el fondo del paladar.
Las plazas se llenan de visiones de sombras, ojeras
tras ojeras en las colas por un kilo de azúcar
una miga de pan.
Todos estamos aquí con nuestras manos lacradas.
Extiende una vez esas manos
yo abro las piernas y dejo
que él fornique sobre mí como un cerdo
como un cerdo rosado
-frota tu sucio placer, ¡frótamelo!-
por un kilo de azúcar
una lata de leche.
Puja, hija mía, puja
es lo único que me interesa, eso
y rayar esta hoja en blanco
el olor del amoníaco en la batea
y la mitad de un pollo muerto.

 

Rocío Silva Santisteban

 

 

 

 

 

M e t a m o r f o s i s

 

He recibido un puntapié

Del tiempo y se ha desordenado

El triste cajón de la vida.

El horario atravesó

Como doce perdices pardas

En un camino polvoriento

Y lo que antes fue la una

Pasó a ser las ocho cuarenta

Y el mes de Abril retrocedió

Hasta transformarse en Noviembre.

 

Los papeles se me perdieron,

No se encontraban los recibos,

Se llenaron los basureros

Con nombres de contribuyentes,

Con direcciones de abogados

Y números de deliciosas.

Fue una catástrofe callada.

 

Al despertarme me encontré

Más descabellado que nunca,

Sin precedentes, olvidado

En una semana cualquiera,

Como una valija en un tren

Que rodara a ninguna parte

Sin conductor ni pasajeros.

 

No era un sueño porque se oyó

Un mugido espeso de vaca

Y luego trajeron la leche

Con calor aún en las ubres,

Además de que me rodeaba

Un espectáculo celeste:

La travesura de los pájaros

Entre las hojas y la niebla.

 

No puedo mostrar a la gente

Mi colección de escalofríos:

Me sentí solo en una casa

Perforada por las goteras

De un aguacero inapelable

Y para no perder el tiempo,

Que era lo único perdido,

Rompí los últimos recuerdos,

Me despedí de mi botica,

Eché al fuego los talonarios,

Las cartas de amor, los sombreros,

Y como quien se tira al mar

Yo me tiré contra el espejo.

 

Pero ya no me pude ver.

Sentía que se me perdía

El corazón precipitado

Y mis brazos disminuyeron,

Se desmoronó mi estatura,

A toda velocidad

Se me borraban los años,

Regresó mi cabellera,

Mis dientes aparecieron.

 

En un fulgor pasé mi infancia,

Seguí contra el tiempo en el cauce

Hasta que no ví de mí mismo,

De mi retrato en el espejo

Sino una cabeza de mosca,

Un microscópico huevillo

Volviendo otra vez al ovario.

 

Pablo Neruda


<Con la poesía ocurre lo mismo que con las mujeres: llega un momento en que la única actitud respetuosa es levantarles las polleras>


 

 

 

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