s o l o s
a l año 01 nº 9
La balada de la masturbadora solitaria.
Al final del asunto siempre es la muerte.
Ella es mi taller. Ojo resbaladizo,
fuera de la tribu de mí misma mi aliento
te echa en falta.
Espanto a los que están presentes.
Estoy saciada.
De noche, sola, me caso con la cama.
Dedo a dedo, ahora es mía.
No está tan lejos. Es mi encuentro.
La taño como a una campana. Me detengo
en la glorieta donde solías montarla.
Me hiciste tuya sobre el edredón floreado.
De noche, sola, me caso con la cama.
Toma, por ejemplo, esta noche, amor mío,
en la que cada pareja mezcla
con un revolcón conjunto, debajo, arriba,
el abundante par espuma y pluma,
hincándose y empujando, cabeza contra cabeza.
De noche, sola, me caso con la cama.
De esta forma escapo de mi cuerpo,
un milagro molesto, ¿Podría poner
en exhibición el mercado de los sueños?
Me despliego. Crucifico.
Mi pequeña ciruela, la llamabas.
De noche, sola, me caso con la cama.
Entonces llegó mi rival de ojos oscuros.
La dama acuática, irguiéndose en la playa,
un piano en la yema de los dedos, vergüenza
en los labios y una voz de flauta.
Entretanto, yo pasé a ser la escoba usada.
De noche, sola, me caso con la cama.
Ella te agarró como una mujer agarra
un vestido de saldo de un estante
y yo me rompí como se rompen una piedra.
Te devuelvo tus libros y tu caña de pescar.
El periódico de hoy dice que se han casado.
De noche, sola, me caso con la cama.
Muchachos
y muchachas son uno esta noche.
Se desabotonan blusas. Se bajan cremalleras.
Se quitan zapatos. Apagan la luz.
Las brillantes criaturas están llenas de mentiras.
Se comen mutuamente.
Están
más que saciadas.
De noche, sola, me caso con la cama.
Anne
Sexton (Estados Unidos, 1928-1974)
sueño de rimbaud
el joven arthur
acecha. estoy arriba, en el dormitorio, vendando mi herida. él entra.
se apoya contra uno de los barrotes. sus carrillos sonrosados. aire
despectivo, manos grandes. me parece endiabladamente sexy. cómo pasó
esto, pregunta él sin afectar importancia. enseño el sanguinolento
caos de mi ojo. cae sobre sus rodillas. llora y se aferra a mis piernas.
agarro su pelo. casi quema mis dedos. espero fuego de zorro. suave pelo
amarillo, pero con ese inconfundible matiz rojo. oh jesús, le deseo.
puerco hijo de puta. me lame la mano. yo sobria. vete rápidamente, tu
madre espera. él se levanta. está yéndose. pero no sin la mirada de
esos fríos ojos azules que desintegran. quien vacila es mío. estamos
sobre la cama. tengo un cuchillo junto a su cuello. lo dejo caer. Nos
abrazamos. devoro su pelo. piojos como el dedo gordo de un bebé.
piojos, caviar de los cráneos.
oh arthur arthur. estamos en
abisinia, en adén. haciendo el amor. fumando cigarrillos. nos besamos.
pero es mucho más. azul brillante. piscina azul. diestro lago de
aceite. las sensaciones se concentran, se animan. dorado cristalino.
bolas de cristal coloreado estallando. costura de tienda berebere
desgarrándose. aberturas, abierta como una caverna, más abierta.
rendición total.
Patti Smith
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En
mi comienzo está mi fin, en sucesión se levantan y caen casas, se
desmoronan, se extienden, se las retira, se las destruye, se las
restaura, o en su lugar hay un campo abierto, o una fábrica, o una
circunvalación. Vieja piedra para edificio nuevo, vieja madera para
hogueras nuevas, viejas hogueras para cenizas, y cenizas para la tierra,
que ya es carne, piel y heces, hueso de hombre y animal, tallo y hoja de
maíz. Las casas viven y mueren, hay un tiempo para construir y un
tiempo para vivir y engendrar, y un tiempo para que el viento rompa el
cristal desprendido y agite las tablas del suelo donde trota el ratón
de campo, y agite el tapiz hecho jirones con un lema silencioso. En mi
comienzo está mi fin. Ahora cae la luz a través del campo abierto,
dejando la hundida vereda tapada con ramas, oscura en la tarde, donde
uno se apoya contra un lado cuando pasa un carro, y la vereda hundida
insiste en la dirección hacia la aldea, hipnotizada en el calor eléctrico.
En cálida neblina, la sofocante luz es absorbida, no refractada, por
piedra gris, las dalias duermen en el silencio vacío, esperad el búho tempranero (...)
Llevando el compás, marcando el ritmo en su danzar, como en su vivir en
las estaciones vivas, el tiempo de las estaciones y las constelaciones,
el tiempo de ordeñar y el tiempo de segar, el tiempo de aparearse
hombre y mujer y el de los animales, pies subiendo y bajando, comiendo y
bebiendo, estiércol y muerte. La aurora apunta, y otro día se prepara
para el calor y el silencio. Mar adentro el viento de la aurora se
arruga y resbala. Estoy aquí, o allí, o
en otro lugar, en mi comienzo.
Thomas Stearns Eliot (Gran Bretaña,1888-1965)
P a n c
o n p a n comida de zonzo
El tipo dice que en estos días no conviene comprar
ni zapallitos ni chauchas ni tomates.
Yo estoy comprando, precisamente,
un kilo y medio
de eso que no se debería comprar hoy.
Zapallitos a tres pesos.
Por el sólo hecho de comprar zapallitos
puedo considerarme un estúpido.
Lo que se dice un estúpido hecho y derecho.
El tipo me explica:
"la cosecha de zapallitos fue un fracaso
en el Norte",
y yo le creo.
Le pago los tres pesos
y me voy con los zapallitos sobrevaluados.
Camino a casa voy pensando,
es probable que me hayan estafado.
Aunque es probable que con mis tres pesos
haya reafirmado
algo asi como la costumbre de fracasar.
De algún modo colaboré con el fracaso
del prójimo,
un pobre tipo que fracasó
en la cosecha de zapallitos,
en alguna parte, en algún lugar,
seguramente más al norte de donde yo mismo
he ido acostumbrándome al fracaso
de todo el mundo.
Sergio Rigazio, Junín, Bs.
As
II
Nazco
de una mirada,
del
desahogo de los cuerpos al sol.
En
vano me detengo a examinar
Los
signos desleídos de tu orilla inestable,
La
eterna baba laminar de tus zarpazos de agonía.
Todo se yergue en tu felicidad.
Mar.
Trovador absoluto.
José
E. Tallarico, El
arreo y la fuga, Ed. Del Dock.
t u q u e
b r a d o v i d r i o
r o t o
tu sangre se seca en mi vientre
como un mancha de óxido
y entre tus piernas partidas
se pega el dolor del lacre.
La almohada moja mi mejilla
con tus lágrimas,
y seguimos aguardando mudos,
entre encajes y sedas arrugadas,
el silencio del muerto
o el grito del recién nacido.
Gonzalo Millán (Chile, 1943)
el local
estaba
hecho un basurero
cuando le
pusimos el epígrafe:
acá se va
a servir el mejor mezcla,
el que no
se puede graduar;
por eso, lo
de mejor al carajo, el único.
trajimos
gente de la tele
para que
dejen sus vasos a medias,
políticos,
para que ni lo toquen,
que lo
dejen calentar.
comimos
algo y bailamos (éramos los menos).
la música,
por ahora, también al carajo.
a las dos
horas empezamos
a juntar
colores,
a hablar la
jerga, pero una jerga sin fondo,
jerga
agujero.
en un
momento dejamos de saludar,
ya no mirábamos
doble, cerramos la barra.
los
regalos, también al carajo. Estaba listo.
el último
de ellos que se fue, un gordo duhaldista, miraba la olla que ya empezaba
a abrirse en vasos ya.
yo estaba
en la duda, me lo bajo o no de un golpe.
cuchicheamos
con la gente, como hace ciento
cincuenta años,
es pueta,
y otra vez
no me cagaron a palos.
Cristian de Nápoli, Límite
Bailable, Ed. Astier.
I THINK I'M DUMB
No he probado la droga
No he probado la droga
Medio muerto me han llevado
Confortablemente atontado
Por las calles de mar del plata
He viajado en el asiento trasero.
Vos sabés bien lo que significa
Viajar en el asiento trasero
Te llevan.
Te llevan por todos lados
Y vos mirás
Con ojos locos
Mirás y te alimentás.
Te nutrís de cosas que
Jamás podrían ser bien explicadas.
¡yeah! ¡huija!
parecen decir todos los que permanecen inmóviles
en este paisaje de vital existencia.
Yeah.
Huija.
Me llevan medio muerto
Y pugno por sobrevivir,
Aunque debería decir que pujo
Por el resucitar.
Todo lo que sea perro ladra.
Mi padre ha superado la muerte de mi madre.
Mi hermana tiene ojos que trastocan
Maldad por siempreverde bondad.
Soy un monstruo.
Diego Funes (Mar del Plata, 1968)