Roberto Cignoni
GUSTAVO CAZENAVE,
POETA INDEGRADABLE
Decir que Gustavo Cazenave es
un poeta inédito puede parecer habitual, decir, en cambio, que su ser poeta no
puede sino erguirse inédito nos empuja sibilinamente al margen de lo ordinario.
El presunto ideal de un arte que no se degrada en obras, de un artista que no es
la voz o la experiencia que da acceso a otra cosa que a ellas mismas, de un
decir que es un cuerpo, de un cuerpo que es en cualquier caso un pronunciarse,
pues no está sometido a una escritura más antigua, a cierto archi-texto o
archi-habla, se yergue en Gustavo Cazenave un acontecimiento cotidiano, con el
consiguiente desvanecimiento de la metafísica de la escisión tan cara a
Occidente. Gustavo Cazenave es poesía cuando dialoga en el recinto de su
trabajo o escribe un descomunal descargo ante sus capataces de turno, mientras
se dispone a la mesa en un almuerzo familiar o frente a un encuestador que de
improviso lo sorprende en la calle. Lo vivido no aparece así como lo originario
y lo escrito o lo hablado como una copia de ese originario que es la vida; lo
que queda suturado es la diferencia vida/obra, y con ello, esa descomposición
en dos categorías que sostiene en vivo el funcionamiento del Sistema, aquél
que insiste en separar lo originario de lo derivado, la voz de la escritura, la
presencia de la representación. El gesto de perplejidad de sus interlocutores,
lejos de someterlo al exilio o la exclusión, le revela a Cazenave la incidencia
de su expansión globalizante, auspiciosamente liberado de una educación de la
conciencia y de las voces concertadas con que un contrato social no cesa de
aplicarse. No puede haber ya algún aislamiento reductor donde un ser se entrega
incondicionalmente a los sonidos del lenguaje-mundo que se le donan, en vez de
dejarse utilizar como ejemplo de algo previo y extraño a la existencia que allí
sucede, es decir, de someterse como índice de una estructura trascendental. Un
cuerpo y una palabra que no remiten a otra cosa constituyen el núcleo del
peligro: ningún Dios, ningún Sentido, ningún Sujeto, ningún Espíritu a
donde aferrarse para dominar la voz del poema absorbiéndola en el marco de
cierto comentario o interpretación, o lo que es lo mismo, alienándola de su
propio cuerpo hacia el discurso del sistema, el discurso sobre esto o aquello,
el discurso de la conquista. La palabra-cuerpo de Gustavo Cazenave descubre
siempre más temprano la astucia del Sistema, y sin enfrentamiento la blanquea
en la esterilidad.
Lo que se muestra a continuación
es:
1. Descargo escrito en el acto
ante su jefe laboral.
2. Leyenda a la que acompaña
un dibujo y que fue pegada junto al conocido cartel propagandístico de Telefónica
donde se lee: "Quien daña un teléfono público daña algo más que un
aparato".
3. Carta al Secretario General
de F.O.E.T.R.A. pidiendo su desafiliación a este sindicato.
4. Respuesta a un integrante
del público durante una reunión del grupo Paralengua.
5. Frases tomadas al azar de
conversaciones cotidianas.
6. Poema dirigido a los jefes
de Telefónica Argentina, ampliado y pegado en la cartelera de una sucursal de
esta empresa.
7. Inscripción para su mujer
en el espejo del baño.
2.
"Dañar a la vez tres
aparatos: el que cree oír, quien cree que dice, y el que se supone transmisor
de la utopía de ambos".
3.
Lanús, 11 de julio de 1994.
Sr. Secretario General de
F.O.E.T.R.A.:
Apenas ver el tumulto de ahogos
suspendidos entre el agitarse continuo de sus órganos disueltos, me ha incitado
a lo amorfo; contra lo que no es dable pausa ni presagio ajeno.
Un rizo de la marcha ha
enajenado su sí a través de las alcantarillas de pasamanos calmos.
Es sencillo erguir en bastiones
de inocencia la más núbil silueta, alentando a concluir el festín de una risa
que ha pasado mano a mano su sabor de eructo.
El constante drenaje de ritos
panaceáticos llama incruento en tinta y oro a subir la flechas del oprobio
contra la nube viajando horizontes ajenos de margen.
Nuestra extinción casual, para
permitirnos espiar el cerrado paso a frecuencias de sal y años, es mentira.
Un llano único estorba la
madriguera donde saben su confín los esclavos de velas pétreas.
Si he de tullirme, será
saciando mi sed en el vértice del magma; diente del agua orillada a la sombra.
Así los habitáculos oigan
para sí de lloros y remansos, no concluirá la nota su son agotado al aire y
las cepas.
Recorriendo estanques de sueños,
las imágenes han generado una rara raíz.
Aquella ha roído su base,
arrojando su estorbo contra las alas del dios-ángel presente en esta farsa.
Estas son las razones que
exhibo para pedirle mi desafiliación en carácter de pronta e indeclinable al
sindicato por Ud. presidido.
4.
Espectador:
-¿Qué es Paralengua?
G.C.:-Te
encuentras parado
en el sitio que clavaste entre
las dos paredes
y no eres ya ni la cruz
ni la estaca
ni el sonriente vigía que está
presenciando
este fetiche.
5.
Si merecemos el bien es que
hemos caminado la canción desde una fosa.
Huyo sin testigos por la vida;
por proveer al olvido del espacio medido entre la cuenca vacía y la mano
cercenada a mis amigos.
La ansias de superficie
condenan al destierro la asepsia de este rito. Quien baja a la calle bajo la
forma escéptica eclipsa el cordel de la suerte primera.
Llámase sordos a los emisarios
rojos de la cresta vencida.
Llámase hábiles a quienes
conviven con estos destrozos para robarles la prisa del hastío.
Mientras arrodillas tu
estandarte pasajero, desde el nudo, cien vientos vuelcan tu casa hacia la horca
bostezada.
Doblas el espíritu hasta
torcerlo parar llorar la gracia de tu sino.
Los cuerpos que posees se
inclinan para abrazar esta sílaba.
Tiempo para descansar en la
niebla; tardes protegidas por el olvido, cruzan puentes y cañas con igual
riqueza.
Hacia dónde, siempre hacia dónde.
Y mimamos la escondida, el hurto de la desgracia.
Alguien ofreció la buena
respuesta: los pastores no niegan los engaños, sólo proveen de la escena el
segundo mimético que fracasa en el valle.
Condensar en un instante la
sensación del naufragio es transitar las espaldas del fuego pensando en casa.
6.
Bosques de trapo (ardiéndose)
Hombre de dos músculos
digestivos.
Regurgitando tus exequias
pensantes.
Bastonero de una fanfarria
prostituida por fruslerías.
Hechizador de la masa con arte
impropio.
Tañidor de música desde el
templo de los sordos. Ruedas.
Deslizas en cápsulas de suero
tu resto anestesiado, y de allí miras.
Grácilmente, el que te ha
vaciado las cuencas, te nombra; ríes portador de opacidades. Tú, presidiario
por reflejo, te desprendes del confín agitando tu penitente acerado.
De rodillas contra respetos
dispersos inclinas tu norma.
Oigo, después de aquí,
traspirar tu médula intacta.
El dios de todos acaricia el
excremento descalzo.
Lo esencial ha tragado el fármaco
en su oclusión parcial.
Si enjuagas un bostezo de mínima
pasión no creas que has traspasado el ciclo.
Tuyo es el cáliz sintético
del que han sorbido los reyes más tempranos luego de que el sol les cercenara
sus meninges.
7.
"A
ti te amo porque desfiguraste mi imagen"